24 Junio 2009
Tus fronteras me acobardan
y me jalan el pelo frenéticas.
¿Por qué los ciegos callan?
Yo grito. ¡Grito!
Tus fronteras infranqueables
no abarcan mis especulaciones.
El agua no aclara
dónde está arbitrario el límite,
dónde se juzga mi maldad,
cómo muestro mi actuar malintencionado
de meter al diablo en todo esto.
¿Cómo algo tan brillante
se denomina opaco?
Tu frontera de cordillera,
de mar, de estragos.
Tu cumbre impertérrita.
Tus ojos ocasionales,
de ocaso
me acoquinan, me resumen,
me estrechan, me angustian.
Tus fronteras me acobardan
y me azotan como látigos
de suave seda,
me amargan con la miel
más dulce y fresca,
me amenazan con no ver
tu sonrisa tierna.
servido por Anyrka
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24 Mayo 2009
Tú estas ahí, pero no. No por abulia o suspicacia. Yo sé que quieres estar, pero no. Y a veces me pregunto si te das cuenta de lo tanto que quieres. Porque sé que te marca un ritmo en compases diferentes. Lo que no sé es si eres capaz de escucharlo... es tan ligero, es tan diminuto que pasa desapercibido. Es tan complejo que necesita una atención peculiar para ser entendido. Es tan piano y silente que para algunos sería inaudible...
Es como yo.
¡Pero tú puedes! ¿no es cierto? prodigiosamente deberías percatarte. Sentir en el aire una melodía diferente, una que te gusta y nace de tu pecho. Una que sólo aparezca cuando te estoy mirando: cuando estoy ahí, pero no. No por esconderme o esencia invisible. Yo sé que me ves, sólo necesito que escuches atentamente y dejes de lado los otros ruidos tan enclavados en tu frente.
Porque no me digas que no te brillan los ojos. Porque no me digas que no te da una alegría alternativa. Desacostúmbrate para verme. Desacostúmbrate para que armonicemos.
servido por Anyrka
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18 Abril 2009
Aunque a usted no le importe
a mí me molesta la sangre aposada,
me duelen los niños y el hambre,
me agobia el zumbar de las balas,
me encabrona no ir a sus calles
a darles mi piel o mis ojos darles.
Y me aburren sus batitas blancas,
(aunque a usted no le interesa)
sus zapatos altos que resuenan la calzada,
sus relojes precisos de pulsera.
Aunque a usted no le importara
a mí me abruma donde no hay tiempo
donde la vida simplemente se atraganta.
Pero me quedo en el sordo silencio
mientras el sufrimiento se encarga,
porque veo, al mirar de lejos,
que alguien llora y no hacemos nada.

servido por Anyrka
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29 Marzo 2009
El hombre se aferra a su guitarra como a la última madera del naufragio. Se hace pequeño y entra por la boca en sus vibraciones, para latir con cada pulso de las cuerdas. Se hace grande para abrazarla y protegerla tal como a la mujer que más ama.
Entonces los ojos se vuelven agujas que quieren bordar ese momento sobre la fugacidad del aire. Que quieren soñar a ser guitarra y resonar por toda la casa. Se atreven a gobernar los rincones invisibles que sólo se limitan a los espacios. Pero con esto, el hombre sabe que los trasciende; y los ojos, que se van rodando abandonados.
El hombre se aferra a su guitarra y se salva de cualquier tragedia.
Yo observo.

servido por Anyrka
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10 Febrero 2009
A la luz de estos satélites,
la conciencia tiene otra sustancia:
se vuelve espesa, por un momento,
aunque nadie quiera beberla
por miedo, por recelo.
Yo no sé.
Pero se vuelve, tal vez, más táctil,
más resistente a mis necesidades;
más misteriosa y ajena
por recelo, por sus daños.
Yo no sé.
Así, entonces, en la bruma,
no quiero cobrar conciencia.
Prefiero estar abatida, un rato
bajo la nieve, sobre el cielo
en ese espacio irreal de los accidentes,
en la inusitada sensación volátil
que provoque, de repente, mi mirada
cuando está lejos de los satélites,
de la luz, del miedo, de los recelos,
de mi pensamiento momentáneo.
A la lumbre opaca de lo que queda,
se puede, o no, ir derrumbando lento,
desparramado; como líquido espeso,
como una conciencia con sobredosis,
como los ojos atados con nudos ciegos.
servido por Anyrka
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26 Enero 2009
Y parece que le aúlla a la luna
que le pide sandías en las noches.
No es mi culpa la flor de tus ojos,
que sepas a miel y te cuides,
que abismes a mordidas dulces.
No es mi culpa, ni la luna.
Pero dejemos claro tanto
que las huellas van desapareciendo
que, impecablemente, no te moja
la ola con su fugitivo beso.
Digamos que estás bajo la arena
enterrado como el sol oblicuo,
escondido como el llanto azul.
Que olvidaste en mi casa tu sombra.
Que se te ha quedado el aroma.
Y parece que aúlla y asomas
y me buscas la sandía en la boca.
No es mi culpa la bandada frenética
ni la tregua errante en la costa.
ni mis brotes, ni tu música sorda.
Que aún hablan los cachorros y es imborrable
aunque pases y no vuelvas a mirarme.
servido por Anyrka
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21 Enero 2009
La ciudad tiene sabor a escarcha y una tonelada de aluminio yace en las calzadas. No busca a nadie, y nadie le busca. Es una indiferencia tal que no logro comprender.
Cómo los ojos ven todo, menos a sí. Y cómo van, sin buscarse, aunque sus pasos se reflejen ineluctables con cada andar de tiempo que se esparce sin alientos.
La ciudad tampoco tiene deseos. Algo de paciencia agotada sucumbe en sus piedrecillas oscuras. La lluvia las besa con desdén, con rabia, a veces, como si ya no quisiera explotar más en sí misma. Como si por un momento quisiera con toda su agua pasar de largo, a esa eternidad imprecisa: la eternidad dura un instante.
Y también yo rasguño esas gotas con mis fúnebres bostezos. Con mi quietud ajena que mira la ciudad; que quizás me mira y nos acompañamos en nuestras soledades, en nuestras indiferencias.
servido por Anyrka
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29 Diciembre 2008
Una vez seleccionó gran parte de mi vida con el mouse y le puso suprimir.
No me acuerdo, obviamente, de nada. De hecho, es imposible saber cuántas veces he nacido, con cuántos sexos, con cuántos años. Porque si siempre me anda eliminando -de diversos modos, a veces simplemente arrugaba las paredes y las arrojaba al papelero- es bastante poco probable que tenga registros de mis caminos.
Y por eso ella quisiera vivir en mis palabras... o entre medio de las líneas. Para así, de vez en cuando, ponerse suprimir y ya.
servido por Anyrka
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