El Monstruo bajo la Cama.
Hay un Monstruo debajo de mi cama.
Sí, sí. Aunque no me crean. Incluso, estoy segura que cuando salgo se acuesta encima de la misma. Lo sé, porque deja esa sensación monstruosa en las sábanas. Lo sé, porque yo puedo sentir algunas cosas raras.
El Monstruo se esconde bajo mi cama, mimetizándose a veces con todo ese universo en miniatura que creé involuntaria y precisamente allí, debido a mi inherente desorden.
El Monstruo se oculta muy bien detrás de mi caldero lleno de pócimas mezcladas confundidas entre sí. Se esconde tras mis hechizos caducos, esos que a uno se le van pudriendo por no ponerles fecha de vencimiento. Errores que a cualquiera le pasan. A veces me pongo a hacer pociones nuevas, algunos embrujos que no me salen versos y no los puedo decir. Otros que sí, pero qué importa. Ahí, justo debajo de mis bolitas de papel arrugado con encantamientos que quizás funcionan, quizás no, se oculta ese Monstruo que me molesta cada noche.
Yo quise darle gotitas de azucar "para que se pusiera amoroso" , pero creo que era muy tarde. Ya no quiere mis gotitas el Monstruo. No sé, se aburrió, se cansó. Ya no quiere vivir más abajo de la cama, ni arriba de la cama, ni en ninguna parte de mi casa. Ya no se quiere quedar, y justo cuando me estaba acostumbrando a su monstruosidad. No, se niega. No quiere ya.
Yo tenía un Monstruo bajo mi cama. Me gustaba un poco, luego mucho. Ya no quería que saliera de ahí. A veces llegaba sola y no necesitaba mirarlo ni hablarle para saber que estaba ahí. De vez en cuando me ponía a hablar conmigo misma, cuando no me salían los conjuros, cuando ya todo empezaba a fallar. Y yo sabía que el Monstruo oculto bajo la cama me oía, y que, después, cuando el sueño me vencía porque la contienda era desigual, el Monstruo salía de su escondite y se acurrucaba a mi lado, se metía a la cama y a los sueños. Yo una que otra vez me metí a sus sueños también.
Son curiosos los sueños de los monstruos, ustedes no saben. No tienen idea. Pero yo sí sé, y él también. Son bien raros sus sueños. Uno cree a veces que ni sentimientos tienen, que no entienden razones, que son bestias malvadas, cerradas, frías y sin corazón. Pero los monstruos saben lo que hacen y éstesobre todo, este Monstruo que era mío porque vivía bajo mi cama pero que ya no es de nadie porque no sé dónde estará viviendo, éste era especial. Era perfeccionista, me trataba de ordenar el universo que creé involuntariamente, y aunque no tuviera mucho éxito porque soy una desordenada sin control, él hacía lo suyo y podía infundirme un poco de estabilidad en este mundo que no creé, al que sólo llegué por el octavo arte de mis padres.
Y me contagié de los sueños del Monstruo, porque eran bien entretenidos te diré. Y no sé si él se habrá contagiado de los míos.
Ahora tiene otros sueños, yo no tengo sueños ni sueño(y por eso me quedo escribiendoles aquí, al lector que no comenta nada, que yo tenía un Monstruo viviendo bajo mi cama)



40noches dijo
Me en-can-to. Desde el inicio me pegas a seguir la narración. Hiciste algo bueno, me hiciste caminar junto a tí en la narrración, hacer partícipe al lector es único y algo trabajoso.
Tienes un monstruo bajo la cama?, muchos lo hemos tenido, el mío me abandono hace mucho, es que nunca lo alimente ....no murió, sólo se desvanecio =(
18 Marzo 2007 | 04:49