La ciudad
La ciudad tiene sabor a escarcha y una tonelada de aluminio yace en las calzadas. No busca a nadie, y nadie le busca. Es una indiferencia tal que no logro comprender.
Cómo los ojos ven todo, menos a sí. Y cómo van, sin buscarse, aunque sus pasos se reflejen ineluctables con cada andar de tiempo que se esparce sin alientos.
La ciudad tampoco tiene deseos. Algo de paciencia agotada sucumbe en sus piedrecillas oscuras. La lluvia las besa con desdén, con rabia, a veces, como si ya no quisiera explotar más en sí misma. Como si por un momento quisiera con toda su agua pasar de largo, a esa eternidad imprecisa: la eternidad dura un instante.
Y también yo rasguño esas gotas con mis fúnebres bostezos. Con mi quietud ajena que mira la ciudad; que quizás me mira y nos acompañamos en nuestras soledades, en nuestras indiferencias.



HETEROFLEXIBLE dijo
SALUDOS Y BESOS TU ESCRITO ES MUY SIGNIFICATIVO PARA LAS GRANDES CIUDADES DONDE LAS MULTITUDES PASEAN INDIFERENTES ANTE LOS SENTIMIENTOS DE LOS DEMAS Y SOLO PEQUEÑAS FLORECITAS DEL ASFALTO LOGRAN SOBREVIVIR, ENTRE AHOGOS DE INDIFERENCIA ....PERO SI EN CADA CIUDAD DEL MUNDO HAY FLORECITAS COMO TU ESTAMOS SALVADOS, POR QUE NOS ENSEÑAS A REPLANTEAR Y A MIRAR A NUESTRO ALREDEDOR ...CUIDATE Y UN GUSTO ESTAR DE NUEVO POR A QUI ..........
22 Enero 2009 | 05:33 AM